viernes, 11 de junio de 2010 | |

A8 CASA DE PECADORES

En otra ocasión, en cambio, en el piso de otra muchacha cuyo nombre también debo dejar en el anonimato, y que desde hace mucho tiempo estaba deseando tener la Virgen en su casa, un día al fin se la llevé, y al entrar me llevé la sorpresa porque vi que ya vivía con el novio.

Entonces me invadió un temor muy grande y una angustia por no saber si dejarla o no. Veía eso por un lado y por otro a la chica llena de júbilo y alegría, de ver que la Virgen había querido ir a su casa.

Interiormente le pedí a la Virgen qué hacía, a lo cual me pareció que me contestaba:
-“Yo soy Madre de pecadores y Madre de Miseri-cordia”.
Entonces me invadió una paz muy grande y así rezamos con mucho amor a la Virgen las oraciones de entrada, cuantas personas estábamos reunidas allí.

Y a la vuelta, cuando la despidió, lo hizo con mucha tristeza, como cuando se despide a una madre o un familiar muy cercano.

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