De M.C. (21 de febrero)
Este milagro se lo atribuye a la Sagrada Familia, pues es muy devota suya.
Tiene una compañera que desde hace meses, desde el verano pasado, le estaba haciendo la vida imposible, acosándola, tratándola con desprecio y despotismo, sin saber M.C. el motivo, y el 20 de febrero llegó a insultarla y humillarla delante de todos, llamándola “¡Embustera, embustera, que eres una embustera, etc.!” el resto de compañeros estaban con M.C., y veían injustificada la actitud y el trato dado, pero se limitaron a consolarla, diciéndole no se preocupara…
Ella nos lo contó en el Grupo de Oración el mismo día, y todos nosotros se lo encomendamos a María Rosa Mística, pidiéndole mediara y arreglara esta situación.
A la mañana siguiente, estaba M.C. muy nerviosa y con mucho miedo, y como había sufrido un infarto hace tiempo, se tomó una pastilla para el corazón debajo de la lengua, y se encomendó a la Sagrada Familia con gran devoción. Fue a la oficina, y no había llegado aún su compañera.
Cuando la ve venir, según nos dijo, “venía pisando fuerte hacia mí con gran energía”, por lo cual, muerta de miedo, creyendo que volvía al ataque, se puso otra pastilla debajo de la lengua; tan sólo frente a ella, se dio cuenta que tenía los ojos rojos e hinchados de haber llorado mucho, y le dice:
-“M.C., ayer públicamente te insulté y te dije cosas que no te tenía que haber dicho nunca, y aunque sé que no me perdonarás por lo mucho que te he hecho sufrir, espero que algún día cicatricen estas heridas y puedas ser la amiga que siempre fuiste para mí”. Y M.C., como buena cristiana que es, le dice:
-“¿Cómo que no te perdono? En mi corazón no cabe el rencor, desde ahora mismo está todo perdonado y olvidado” y la abrazó.
Por la tarde, fue a contárnoslo a nuestro Grupo de Oración, “¿Es milagro o no lo es?” y dimos todos gracias a la Virgen.
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