Enero 2007
Es de ver cómo la Santísima Virgen se manifiesta con preferencia en almas pequeñas.
Desde el primer día que recibió esta familia la Virgen, la pequeña, de 6 años mostró una gran alegría, y era muy hermoso cómo, rezando el Ángelus, ver cómo ya se lo sabía de memoria…
Creyendo la niña que la Virgen iba a estar muy poco tiempo en su casa, cada vez, después de la salida del colegio, lo primero era preguntar a su madre si se la iban a llevar, y llorando, rogaba a su mamá que no se la llevaran.
Y cada día, nos dice su mamá, era ella quien tomaba la iniciativa en el rezo del Rosario. Está tan feliz de tener a Nuestra Señora en su casa, que siempre invita a su profesora, que es monja, de su Colegio, a que vaya a verla y a estar con ella, diciéndole que es muy guapa y que tiene unos ojos muy hermosos…
Pero el último día, a causa del llanto tan fuerte de la pequeña, la celadora decidió dejársela tres días más, y que después se la llevaría a su tito, que lo estaba pasando muy mal. Por eso, cuando fuimos a recogerla, ya estaba tranquila, feliz y conforme.
Más tarde, tanto la madre como la hija nos visitaron, para hablar de las cosas de Dios.
Es de ver cómo la Santísima Virgen se manifiesta con preferencia en almas pequeñas.
Desde el primer día que recibió esta familia la Virgen, la pequeña, de 6 años mostró una gran alegría, y era muy hermoso cómo, rezando el Ángelus, ver cómo ya se lo sabía de memoria…
Creyendo la niña que la Virgen iba a estar muy poco tiempo en su casa, cada vez, después de la salida del colegio, lo primero era preguntar a su madre si se la iban a llevar, y llorando, rogaba a su mamá que no se la llevaran.
Y cada día, nos dice su mamá, era ella quien tomaba la iniciativa en el rezo del Rosario. Está tan feliz de tener a Nuestra Señora en su casa, que siempre invita a su profesora, que es monja, de su Colegio, a que vaya a verla y a estar con ella, diciéndole que es muy guapa y que tiene unos ojos muy hermosos…
Pero el último día, a causa del llanto tan fuerte de la pequeña, la celadora decidió dejársela tres días más, y que después se la llevaría a su tito, que lo estaba pasando muy mal. Por eso, cuando fuimos a recogerla, ya estaba tranquila, feliz y conforme.
Más tarde, tanto la madre como la hija nos visitaron, para hablar de las cosas de Dios.
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