(01/12/06)
Iba a llevar la Santísima Virgen a una mamá muy joven, y resonaba en mi oído “¡S., S.!”, varias veces; entonces sentí que debía de llamar a esta señora y le ofrecí si quería tener la Virgen, y muy sorprendida y emocionada me dijo que sí.
Se la llevamos; me acompañaba mi hija M. La recibió con mucha alegría y emoción, le rezamos las oraciones de entrada y me comentó que el ir a su casa era providencial, pues estaba esperando que la operasen de un cáncer en la mama izquierda bastante grande.
Luego nos contó que durante la semana que estuvo en su piso, al entrar al salón, percibía un fuerte olor a rosas y flores, y que le parecía, mientras rezaba el Rosario, que la Virgen le sonreía.
Llegado el día de la operación, la hospitalizaron, le pusieron el suero y la bajaron al quirófano. Poco antes de anestesiarla, el cirujano, para saber bien dónde podía empezar a cortar, le hizo una exploración en la mama, venga a palpar, a palpar, y por más que lo intentaba, no encontraba ningún rastro del tumor.
Sorprendido, el cirujano le preguntó que qué había pasado, pues había desaparecido el bulto totalmente, y ella, exclamó: “¡Bendito sea el poder de Dios!”, a lo que contestó: “¡Pues sí, esto es un milagro!”. Le habían hecho mamografías y toda clase de pruebas, donde era evidente un tumor muy grande, del tamaño de una mandarina, visible al exterior.
Marchó a su casa esa misma mañana, muy agradecida, atribuyendo esa gracia a la Virgen.
La Virgen entró en su casa el 25 de noviembre y la recogí con P. el 2 de diciembre. Posteriormente fue a dar este testimonio en nuestro Grupo de Oración el 4 de diciembre de 2005, después del Rosario.
Iba a llevar la Santísima Virgen a una mamá muy joven, y resonaba en mi oído “¡S., S.!”, varias veces; entonces sentí que debía de llamar a esta señora y le ofrecí si quería tener la Virgen, y muy sorprendida y emocionada me dijo que sí.
Se la llevamos; me acompañaba mi hija M. La recibió con mucha alegría y emoción, le rezamos las oraciones de entrada y me comentó que el ir a su casa era providencial, pues estaba esperando que la operasen de un cáncer en la mama izquierda bastante grande.
Luego nos contó que durante la semana que estuvo en su piso, al entrar al salón, percibía un fuerte olor a rosas y flores, y que le parecía, mientras rezaba el Rosario, que la Virgen le sonreía.
Llegado el día de la operación, la hospitalizaron, le pusieron el suero y la bajaron al quirófano. Poco antes de anestesiarla, el cirujano, para saber bien dónde podía empezar a cortar, le hizo una exploración en la mama, venga a palpar, a palpar, y por más que lo intentaba, no encontraba ningún rastro del tumor.
Sorprendido, el cirujano le preguntó que qué había pasado, pues había desaparecido el bulto totalmente, y ella, exclamó: “¡Bendito sea el poder de Dios!”, a lo que contestó: “¡Pues sí, esto es un milagro!”. Le habían hecho mamografías y toda clase de pruebas, donde era evidente un tumor muy grande, del tamaño de una mandarina, visible al exterior.
Marchó a su casa esa misma mañana, muy agradecida, atribuyendo esa gracia a la Virgen.
La Virgen entró en su casa el 25 de noviembre y la recogí con P. el 2 de diciembre. Posteriormente fue a dar este testimonio en nuestro Grupo de Oración el 4 de diciembre de 2005, después del Rosario.
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