Ocurrida en el verano de 2005, y contada por una celadora.
“Uno de mis recuerdos es el de una anciana que estaba en silla de ruedas, y vivía en una casa del barrio de Santa Isabel. Cuando la llevé la Virgen, estaba en compañía de su hija, su nieta y su bisnieta (cuatro generaciones).
Durante el rezo del Santo Rosario, a las doce de la noche, empezaron todas a oler a rosas, extrañándose mucho, porque no había en el jardín; sí tenían geranios y galán de noche, pero no rosas, y el olor era muy intenso. Se llenaron todas de una alegría muy grande, dándose cuenta que aquél olor no era nada normal. La abuelita empezó a pedir a la Virgen poderse levantar de la silla de ruedas e ir por su propio pie al servicio. Esa petición la hizo debido a que estaba muy gruesa y entre su hija y la nieta no podían con ella. A la mañana siguiente se sorprendieron las tres al verla en el aseo sola.
Este milagro se lo atribuyen a María Rosa Mística. Así vivió seis meses hasta su muerte en enero de 2006. Aún se conserva en la casa la estructura para subir a motor la silla de ruedas del bajo al primer piso".
0 comentarios:
Publicar un comentario