El Apostolado de María Rosa Mística, advocación que viene con el título de “Madre de la Iglesia”, suele consistir en que un celador o celadora de esta imagen, la lleva en brazos, como mucho sólo cubierta con una capa, a casa de quien se la ha pedido, según una lista donde ha ido apuntando las peticiones, y la deja allí durante una semana.
Al entrar, se rezan: el Ángelus, la invocación al arcángel San Rafael, siete avemarías y siete glorias en honor de los siete dolores de la Virgen, y se canta una canción mariana.
Al retirarla, para llevarla a otra casa, siete avemarías y glorias en honor de sus siete alegrías, más la invocación al arcángel San Rafael, y otra canción.
Sólo el celador puede trasladarla de una casa a otra. Dentro de la casa, sus habitantes pueden colocarla o trasladarla donde lo crean conveniente. Se aconseja que inviten a visitar y venerar a la Virgen, orando juntos, pero la Virgen no sale de esa casa, y se queda en espíritu aunque se vaya la imagen.
También, la Virgen quiere se rece el Rosario en familia, en compañía de vecinos y amistades…
No se pide dinero ni por insinuación, al menos en nuestro apostolado, que sepamos, pero se aceptan los donativos espontáneos, que a veces se reinvierten en comprar alguna imagen para formar otros grupos de oración, o nuevas celadoras.
La Virgen nos ha demostrado que:
1. Elige a sus celadores, (mujeres, normalmente), a los que, por personas sencillas que sean, les da los dones necesarios para cumplir su Misión, no exenta de sacrificio y aprendizaje diario, y
2. Sólo va a las casas que Ella quiere, a bendecirlas junto a todos sus moradores, de este modo las preserva de la Gran Tribulación que ha de venir, cualquier casa que acoge a la Virgen es como un refugio para los Últimos Tiempos, y los bendecidos deben ser muy generosos con quienes les pidan ayuda, promete que, de esta forma, no les faltará de nada…
La Virgen siempre es la misma, y bajo cualquier advocación, pero ésta de la Rosa Mística ha sido revelada para los Últimos Tiempos, con gracias especiales, y une a los pequeños Grupos de oración que la tienen por Patrona, y a sacerdotes fieles a la Tradición de la Iglesia.
Vamos a contar sólo testimonios que pretenden estimular, inflamar a los lectores en Amor a la Virgen, nuestra Madre, para que se la rece, se consagren a Ella, y así contribuir a la salvación y a la mayor santificación de las almas por este medio, que, en definitiva, es lo que quiere el Cielo.