diciembre 2009,
El pequeño saltó de alegría cuando oyó el timbre de la puerta y tal era el alboroto que su abuela, de nombre Feliz, le pregunta:
-¿Qué pasa?
-¡¡Abuela, que viene la Virgen María!!
Cuando abrieron la puerta, efectivamente, era Mariana, la celadora, con la imagen peregrina de María Rosa Mística. Y pronto a la alegría del pequeño se sumó la de los mayores.
Durante la semana que estuvo nuestra Madre, en esa casa, se hizo notar. Durante el Rosario se llenaba el salón de un olor intenso y agradable, y que nadie se atrevía a decirlo, hasta que un día, terminado el rezo del Santo Rosario, comentaron aquél olor, y el niño dijo muy seguro y sonriente:
-¡Huele a pétalos!
-Niño, ¿tú sabes lo que es eso?, le dice su abuela.
-No, contesta inocentemente.
A todos se les pusieron los vellos de punta.
Otro día, el “peque”amanece con fiebre intensa y pasa la mañana sin que se la baje, a pesar de administrarle su madre antihistamínicos.
Ya por la tarde le prepararon la bañera con agua, y así probar a bajarle la fiebre. Dentro de la bañera, empieza a decirle a su mamá que el agua huele muy bien, y ella le dice que no puede ser, porque no ha echado nada al baño, y el agua por sí sola no huele. El niño insiste:
-¡Sí, el agua huele a pétalos! ¿Ves?
Ana María, que así se llama la mamá de Antonio, el niño, se sorprendió muchísimo, pues ella asegura que no echó nada al agua, ni la abuelita Feliz, ¡¡y el agua olía a rosas!!
Una vez más María Rosa Mística se hizo sentir, quizás para afianzar la fe de los mayores, y se valió del más pequeño. Antonio cumplirá pronto tres años.
Gracias, Rosa Mística, por mostrarte a los más humildes y sencillos de corazón.
El pequeño saltó de alegría cuando oyó el timbre de la puerta y tal era el alboroto que su abuela, de nombre Feliz, le pregunta:
-¿Qué pasa?
-¡¡Abuela, que viene la Virgen María!!
Cuando abrieron la puerta, efectivamente, era Mariana, la celadora, con la imagen peregrina de María Rosa Mística. Y pronto a la alegría del pequeño se sumó la de los mayores.
Durante la semana que estuvo nuestra Madre, en esa casa, se hizo notar. Durante el Rosario se llenaba el salón de un olor intenso y agradable, y que nadie se atrevía a decirlo, hasta que un día, terminado el rezo del Santo Rosario, comentaron aquél olor, y el niño dijo muy seguro y sonriente:
-¡Huele a pétalos!
-Niño, ¿tú sabes lo que es eso?, le dice su abuela.
-No, contesta inocentemente.
A todos se les pusieron los vellos de punta.
Otro día, el “peque”amanece con fiebre intensa y pasa la mañana sin que se la baje, a pesar de administrarle su madre antihistamínicos.
Ya por la tarde le prepararon la bañera con agua, y así probar a bajarle la fiebre. Dentro de la bañera, empieza a decirle a su mamá que el agua huele muy bien, y ella le dice que no puede ser, porque no ha echado nada al baño, y el agua por sí sola no huele. El niño insiste:
-¡Sí, el agua huele a pétalos! ¿Ves?
Ana María, que así se llama la mamá de Antonio, el niño, se sorprendió muchísimo, pues ella asegura que no echó nada al agua, ni la abuelita Feliz, ¡¡y el agua olía a rosas!!
Una vez más María Rosa Mística se hizo sentir, quizás para afianzar la fe de los mayores, y se valió del más pequeño. Antonio cumplirá pronto tres años.
Gracias, Rosa Mística, por mostrarte a los más humildes y sencillos de corazón.
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